Hay un tipo de planeta que casi no habíamos podido estudiar hasta ahora: los gigantes gaseosos templados, con temperaturas de equilibrio por debajo de los 400 K. Según el trabajo publicado en The Astronomical Journal, este rango representa una frontera todavía inexplorada en la espectroscopía de atmósferas exoplanetarias. TOI-199 b, un exoplaneta con la masa de Saturno que orbita una estrella de tipo G cada 100 días aproximadamente y tiene una temperatura de equilibrio de 350 K, aparece como uno de los candidatos más favorables para intentarlo.
El equipo detrás del hallazgo usó el instrumento NIRSpec del James Webb, en su modo G395M, para obtener el espectro de transmisión del planeta durante un único tránsito. La observación no salió perfecta: hubo un problema de alineación del telescopio que redujo la precisión de los datos por debajo de lo esperado. Aun así, el espectro mostró señales claras de metano (CH4), con un factor de Bayes de aproximadamente 700 al considerar una atmósfera con nubes, algo que no es poca cosa tratándose de una sola observación con limitaciones técnicas.
Ese metano detectado no es un dato suelto: los investigadores lo usaron para calcular la metalicidad del planeta a partir de la relación carbono-hidrógeno (C/H) en su atmósfera. Es la primera vez que se consigue este tipo de medición en un gigante gaseoso tan frío, y abre una puerta para comparar su composición química con la de los gigantes gaseosos más calientes que suelen dominar los catálogos de exoplanetas estudiados hasta el momento.
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